Banksy revolucionó el grafiti en su día. Uno de los artistas más prolíficos del mundo sentó precedente en los 90 acerca de la forma de entender el arte urbano. Lo que nunca se imaginó es que su pasión pudiese dar un giro argumental y echar a andar, o a correr, o a volar… Porque el ‘graff-gif’ solo lo practica uno, y se llama Cheko.

El grafiti inunda las ciudades. Como todo el arte, tiene admiradores y detractores. Como todo el arte, tiene forma y concepto. Ligado desde sus inicios a la subcultura hip hop y al patinaje, lo cierto es que aproximadamente desde los años 60 hasta hoy, el grafiti ha experimentado con multitud de técnicas. Los aerosoles son la base. La calle es el mensaje.

«Con 16 años, cuando empecé, tenía el ego muy potente. Tienes una necesidad imperiosa de expresarte».Cheko (Córdoba, 1986) confiesa así un sentimiento que durante la adolescencia reverbera y explota en la sangre de cada uno. El deseo de pertenecer a algo, de demostrarle al mundo lo que eres. A él le dio por elgrafiti.

Cheko protege su identidad. El esplendor clandestino de un grafitero es su mejor baza para convertirse en leyenda, como Banksy en Londres o como El Muelle en Madrid. Cheko, desde pequeño, se interesó por el dibujo, sensación que cristalizó años más tarde al comenzar a estudiar Bellas Artes en Granada. «Durante la carrera lo articulaba todo con el grafiti porque, en realidad, era lo que me apasiona».

El cordobés, ahora residente en Granada, ha pintado en las calles de Budapest y Bolonia. Pero es en la ciudad de la Alhambra donde se concentra la mayor parte de su obra. «La calle es la galería más amplia. Es donde va a estar presente más gente, con sus pros y sus contras, exactamente lo que más me motiva», explica Cheko. «Que la gente vea tu trabajo: que lo odie o que lo ame, pero que lo vea».

Mismo concepto, distinto estilo

Cheko ha sido recientemente seleccionado por MTV como uno de los 15 mejores artistas del mundo que aún no ha llegado a la treintena: «Fue una sorpresa bastante grande», reconoce. «Una periodista contactó conmigo y me dijo que había sido seleccionado en la lista».

Porque el arte de Cheko ha trascendido más allá del grafiti tradicional. Él ha creado un nuevo estilo, una nueva forma, manteniendo el concepto. «La idea surgió cuando cursaba la asignatura de animación tradicional en Bellas Artes. Yo ya veía todo bajo el prisma del grafiti».

Y la idea aparece «cuando aprendí a animar, hace cuatro años. En ese momento se me ocurrió que mis grafitis podrían tener algún elemento animado». Fusionar la tecnología con la pintura. El pasado con el presente: «Así que cada pieza sería un fotograma. Al igual que una imagen, luego se animaría. Entonces pensé en los ‘gifs’», asegura.

Pero la iniciativa le requería mucho tiempo. Imposible para un estudiante de Bellas Artes que por aquel entonces tiene «muchas cosas en la cabeza». Pero hace dos años, la inspiración llamó a su puerta: «No fue hasta que vi el trabajo de Insa y Blu que decidí que podría ser interesante». Ambos artistas son grafiteros y animadores a partes iguales. Cheko decidió emularles, pero dándole otro giro a su obra.

Un grafiti hasta 10 o 12 veces

El ‘graff-gif’, aunque en origen es igual que un grafiti tradicional, a la hora de representar el movimiento se hace indispensable el uso de las nuevas tecnologías. Del Photoshop en este caso. Cheko trabaja entre 10 y 12 fotogramas. Esto es que sus ‘graff-gifs’ tienen entre 10 y 12 secuencias animadas.

«Primero, realizo un boceto con lápiz y papel. Ahí ya me tengo que parar bastante para ver el movimiento de la animación y ver cómo queda», cuenta. La realización es igual a la de un grafiti tradicional, pero después,cada pieza (fotograma) es pintada y fotografiada desde el mismo punto de vista y luego borrada. A continuación pinta el siguiente fotograma encima, y así hasta los necesarios para crear la animación.

Cuando las fotos están hechas, las vuelca al ordenador y comienza a ‘hacer magia’. A través del Photoshopconvierte todas las imágenes en un ‘gif’. El proceso total (hacer las piezas, crear los fotogramas) le suele llevar entre dos y cuatro días de trabajo. «Es un tiempo considerable», confiesa.

La figura humana como leitmotiv

En la mayoría de obras de Cheko aparece una persona. Un niño con un corazón que se le sale del pecho. Una chica bajo una nube que no para de llover. Un chico con ‘pájaros en la cabeza’. «Creo que la figura humana es lo más potente, siempre me ha encantado y disfruto representándola».

El grafitero se fija en «personas que transitan el espacio urbano». Todo lo que hay en la urbe, todo lo que se mueve por cada arteria de la ciudad: «Suelo representar a personas que, o bien conozco o bien veo por las ciudades que visito, aunque también me siento inspirado por colectivos sociales, en los que introduzco mi grafiti de forma no tan evidente».

Porque, ¿qué sería del arte si solo tuviera una dirección? Cheko sentencia: «Creo que el arte no tiene que ser tan evidente». Y piensa ya en su próximo proyecto. «Con mucho movimiento, con mucho fondo, una cosa mucho más elaborada de lo que he hecho hasta ahora, aprovechando toda la experiencia cosechada».