El buen tiempo intenta ganarse un hueco, burlar a las nubes y al frío e instalarse por unas semanas en nuestras vidas. El sol que llena las calles de gente y las terrazas de los bares convertidas en la banda sonora de los barrios. Los niños jugando en los parques. Date un homenaje y celebra la llegada de la primavera como se merece: con unos días de descanso en cualquier otra parte.

Si no tienes problema en cogerte un avión y cruzar el Atlántico ve a vivir el Cherry Blossom, un espectáculo para los sentidos y una buena excusa para retratar un maravilloso paisaje. Una cita que puedes disfrutar en Nueva York, en Vancouver y en algunos lugares de Japón. Si tu presupuesto no te permite ir más allá de los Pirineos pásate por Extremadura. Allí también podrás contemplar esta ceremonia de las flores.

Si lo que buscas es vivir este espectáculo con mayúsculas deberás volar a Japón. Y sí, mira que está lejos Japón, como cantaba aquel… Pero allí es donde podrás encontrar más de 200 variedades de cerezos que florecen entre los meses de marzo y mayo. Además, si lo planeas bien podrás participar de una de las celebraciones más importantes del país: el hanami, que no es más que un picnic para admirar el florecer de la primavera.

Por muy trascendentales que queramos ser, nunca está de más mirar el bolsillo. Si trasteas un poco por las web de comparadores de precios y por las de reservas de billetes podrás comprobar que tu pasaje te saldrá por unos 500 euros. Eso sí, con una o dos escalas. No está nada mal para un viaje de más de 14 horas.

Un poco más cerca está Brooklyn, otro destino ideal si quieres ir a contemplar el nacimiento de las flores, y también un buen sitio para hacer turismo de tiendas. El jardín botánico de Brooklyn cuenta con una colección de más de 40 especies distintas de cerezos, la segunda mayor tras la de Japón. Y una excusa perfecta para darse un capricho y volar a Nueva York a disfrutar de la primavera.

Si no estás para derroches, pásate por Extremadura. Que una cosa es ahorrar y otra es amargarse en casa. Ya lo canta Extremoduro cuando jalea aquello de «voy a ir a robar cerezos al Valle del Jerte«. Y qué bonito es, y qué cerca está, y qué barato sale. Para qué quieres más motivos. Este paraje se transforma estos días: el valle y las laderas se cubren de blanco y de flores y en Cáceres se celebra la fiesta del cerezo con actividades lúdicas, culturales y deportivas.